las taradas

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    Vista general de uno de los murales dibujados con maquillaje. 

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    Vista general de otro de los murales.

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    Detalle de uno de los murales.

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    Vitrina con maquillaje usado para la realización de los murales.

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    Homenaje a las víctimas de la violencia de género durante la inauguración. Los asistentes recordaron cada una de las víctimas mediante una muñeca. 

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    Asistente durante la acción - homenaje.

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    Mural después de la acción - homenaje.

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    Detalle de la pieza Segunda Piel (instalación y vídeo).

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"Entregado desde el comienzo al mundo de los otros, el cuerpo lleva sus huellas, está formado en el crisol de la vida social; sólo más tarde y no sin duda alguna, puedo reclamar mi cuerpo como propio, como de hecho tantas veces lo hago."

Judith Butler, Vida Precaria. El poder del duelo y la violencia 1

1. Domestica-das

Doméstico es el espacio de la casa y de lo conocido, el que percibimos como propio o el que habitamos normalmente, el lugar en el se desarrolla nuestra vida. El mundo se construye a partir de este espacio localizado y la distancia puede hacer que el mundo pierda significación. Lo distante disminuye afección y hace posible actos de barbarie individuales o colectivos, es el espacio de lo otro, lo lejano. El cuidado de la casa y de lo que nos pertenece organiza parte de nuestra vida y refuerza nuestros valores de pertenencia y posesión. Hay una relación muy fuerte entre el espacio de lo doméstico y la persona con quien vivimos, la que tiene un lugar mas cercano. Cuando el cuidado por la casa y por lo nuestro se convierte en posesión del otro con el que se cohabita, estos valores muestran su lado mas negativo. Cuando el sentimiento de posesión lleva a estadios de alienación por temor a perder lo que se tiene, el miedo puede acabar en barbarie y el amor puede acabar en violencia y muerte.

Domestica-das, el título del proyecto del colectivo las tAradas –Mariaema Soler y Marta Fuertes– es una maniobra semántica producida al separar la última sílaba con un guión y convertirlo en un signo con doble sentido. El guión en ortografía puede separar en dos mitades un vocablo o puede unir dos elementos para crear una palabra compuesta. Aquí el guión introduce un espacio, un intervalo que nos deja suspendidos y nos plantea varias incógnitas.

Como sufijo nos revela a ellas –Mariaema y Marta– ambas se representan a menudo en las situaciones más inverosímiles, estrategia de la que se sirven para desestabilizar el umbral que separa lo público y lo privado, y nos revela también a ellas que son muchas otras de las que también nos hablan. Con este guión las tAradas nos obligan a pararnos mentalmente entre ellas –todas– y lo doméstico.

A partir de ahí nos confrontan con su visión de algunas de las paradojas que nutren la vida aun a pesar nuestro.

Llamamos “doméstico” al espacio de la casa y de lo conocido, al ámbito de la seguridad y la comodidad por encima de la libertad. El lugar de la protección puede convertirse en el de la contención y el encierro, y puede también ser el contexto perfecto para ejercer el dominio.

La casa ha sido tradicionalmente considerada el lugar propio de las mujeres “amas de casa”, en la concepción de este espacio Jana Leo define con el concepto “domestofobia”2 (fobia al espacio doméstico) el miedo que acompaña a la violencia doméstica y la domesticación femenina, y que en un discurso más amplio, se refiere a la continua contradicción en la que el ser humano vive cuando refuerza el encierro dentro de lo conocido –lo doméstico– mientras también está en contra de ello. Desde esta concepción al hablar de lo domestico se desestabiliza la tranquilidad y la intimidad en un espacio en el que además se sufre privadamente.

¿Qué pasa cuando el espacio doméstico las aprisiona? El cautiverio es una membrana que no las deja avanzar. Ellas se debaten dentro de una tela intentando caminar hacia adelante, de un pellejo incómodo que las aprisiona contra la espalda de sí mismas. La casa es un espacio desconocido, una habitación sin rastros que ha dejado de ser propia.

(Segunda piel, videoproyección en loop)

... abre los ojos contra la violencia de género

El silencio y el olor dulce a maquillaje invaden el espacio.

Marta y Mariaema

2. "[...]Mira ahora puedes mirar que ya me he puesto el maquillaje y si ves mi imagen te vas a alucinar y me vas a querer besar."

Mecano. Maquillaje, 1982

El maquillaje, aunque en algún momento no fuese uso exclusivo de la mujer, se ha desarrollado junto a la moda para ella. La cosmética se ha convertido en un producto para que la mujer esté impecable, para satisfacer en cada momento los cánones que ha ido imponiendo la época y por eso no es asunto baladí cuestionarse qué tipo de armas se han dado a la mujer: artilugios para resaltar la belleza que ocupan alguna obligada sección de revistas pretendidamente femeninas. No es casual que se les haya definido como una de las “armas de mujer” destinadas a resaltar los atractivos y a seducir. Cuando las tAradas utilizan maquillaje para dibujar un gran mural sobre la pared compuesto de mujeres semidesnudas y con los ojos cerrados, utilizan este “arma” en su sentido más literal, como ins- trumento destinado a obligar a cualquier mirada ligera a recordar que el maquillaje que algunas veces corrige las ojeras o resalta los labios, puede estar ocultando también los golpes que alguna mujer ha podido recibir en la cara. No es fortuito que los trazos que dibujan a estas mujeres sean de maquillaje ni que nos dispongan de todo lo necesario para que las desmaquillemos. El pintalabios y el lápiz de ojos son armas para apelar a la mirada y obligarnos a abrir los ojos cuando el maquillaje oculta violencia, aunque nos hemos acostumbrado a ver –con distancia– el dolor de otras personas porque ser espectador de calamidades es una experiencia in trínseca a nuestra época3 , como define Susan Sontag a la experiencia a la que los medios nos confrontan a diario con nuevas imágenes de violencia o maltratos. Los medios como enunciadores llegan a “espectaculizar” la agresión desde todo el material que la violencia produce para las representaciones mediáticas, hasta anestesiar nuestra capacidad reactiva.

Des-maquillar parte de una negación y nos exige participación, nos avisa de que lo que está aquí no es el mural completo, sino que la obra se forma en el “des” (des-aparecer) des-maquillar al que nos obligan con algodones, para des-velar el sentido debemos participar. La obra se presenta ahora como una duración por experimentar que no se completa en la mirada del espectador sino en el intercambio con él, como lugar de producción de sociabilidad y espacio-tiempo para las relaciones humanas. Nicolas Bourriaud en su ensayo sobre las estéticas relacionales4 nos define el arte como un estado de encuentro en el que todo se genera a partir de lo que acontece. Las formas artísticas que nos presenta son lo opuesto a un objeto acabado, más que “formas” las denomina “formaciones”, ya que la obra no está finalizada al inicio de su exhibición, sino que funciona como un dispositivo que se constituye en la interacción con el público, en la intervención. La totalidad del proceso conforma su exhibición en la que todo ocurre en tiempo real confundiendo creación y exposición en un Work in progress. De la misma manera que frente a los montones de caramelos de Félix González-Torres, el visitante se enfrenta a un dispositivo que interpela su responsabilidad al comprender que su gesto contribuye a la desaparición de la obra.

Las tAradas no saben que va a pasar pero entablan un diálogo, la inclusión del otro es esencial ya que en este discurso lo que interesa no es tanto afirmar sino propo- ner formas de pensamiento común que nos relacionen.

(mural, maquillaje sobre pared)

Performance sonoro: Encerrada en un cubículo, sin que nadie pueda verme, me doy un golpe por cada mujer asesinada en Guatemala del 1 de enero al 9 de junio de 2005. Amplifico el sonido, para que sea escuchado desde afuera del cubículo.

Regina José Galindo. Golpes, 2005

3. In memoriam. La memoria es frágil.
El día 25 de noviembre está marcado en los calendarios de todos los países del mundo como día internacional para erradicar la violencia de género.

Se han escrito infinidad de argumentos para intentar entender el origen y las causas de los malos tratos. La violencia es general y específica, es estructural y transversal al orden social y afecta a todas las clases sociales, culturas, países manifestándose en abusos y crímenes, su complejidad no puede orillarse de la extensa red de normas de género que sirven de caldo de cultivo y naturalización de la violencia física y psíquica.

La continuidad de manifestaciones e imágenes del maltrato y de la opresión de la mujer son signos ineludibles de la hegemonía masculinista5 , reflexión que Juan Vicente Aliaga expone investigando las representaciones de la violencia de género que la historiografía ha desdeñado u omitido sin aceptar la utilidad de estos dispositivos críticos y conceptuales. Su planteamiento desde la metodología del feminismo y las teorías queer observa las prácticas artísticas claramente mezcladas con asuntos relativos a la cultura, a la raza, a la nacionalidad y a la clase, como factores de mediación y de intersección con el andamiaje del género. Recurre a Judith Butler y a Pierre Bourdieu en lo que se refiere a la importancia del cuerpo en estos discursos, ya que éste ha devenido un verdadero campo de batalla en el que actúan las relaciones de poder y de resistencia:

es sobre el cuerpo donde –según Bourdieu– la fuerza simbólica y la violencia simbólica se ejerce. Las formas de pensar y obrar son inseparables de las estructuras que las producen y reproducen, y convierten tanto a hombres como a mujeres, en valor de intercambio
o mercancía en la estructura del mercado de bienes simbólicos.

La opresión y la violencia se ejercen sobe el cuerpo, y este se convierte en el sujeto que se opone, reivindica o protesta. Cada acción que Regina José Galindo desarrolla siempre es extrema, cuando somete su cuerpo a 279 latigazos –durante la Bienal de Venecia de 2005– éstos equivalen al número de mujeres asesinadas aquel año en Guatemala, con este acto nos recuerda que lo que pasa es el mundo real, el que está fuera de los museos.

Analista del presente y de la contemporaneidad política Butler concluye que dado que la agresividad constituye lo humano y somos capaces de infligir heridas atroces, buscar la paz es una necesidad absoluta, y en todo este proceso es necesario aceptar la vulnerabilidad de lo humano. Apelar al “nosotros” y a la pérdida que alguna vez hemos sufrido nos liga al otro y nos compromete, ya que al pensar en el otro desde uno mismo lo que me duele no es solo la pérdida sino volverme inescrutable para mi, ¿qué soy “yo” sin ti? O saber que “yo” también desaparezco. Aunque el duelo se piensa como algo privado ella cree que nos permite elaborar el sentido de una comunidad.

Se han definido peyorativamente “arte de mujeres” a las obras que utilizan materiales asociados a lo femenino: el maquillaje, la costura, las muñecas y las flores pue- den asociarse a la categoría de estos objetos, pero que le vamos a hacer si soy una mujer.

Anotar el paso del tiempo en silencio y sin estridencia, aparentemente sin alarma, sin sangre, coronadas de flores todavía frescas, las siluetas en tela de algodón son figuras para asignarles un lugar y una fecha. (acto conmemorativo a todas las mujeres muertas durante este año 2009, instalación).

Montse Carreño, Barcelona, Noviembre de 2009.

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1 Butler, Judith, Vida Precaria. El poder del duelo y la violencia, Paidós, Buenos Aires, 2006, p. 52.
2 Leo de Blas, Jana. “Domestofobia”. Lo doméstico como lugar de horrores, en Viaje sin distancia. Perversiones del tiempo, el espacio y el dinero ante el límite en la cultura contemporánea, AD HOC, CENDEAC, Murcia, 2006.
3 Sontag, Susan. Ante el dolor de los demás, Santillana Ediciones Generales, S.L., Madrid, 2003.

4 Bourriaud, Nicolas, Estética relacional, Adriana Hidalgo editora, Buenos Aires, Argentina, 2006.
5 Aliaga, Juan Vicente. Orden fálico. Androcentrismo y violencia de género en las prácticas artísticas del siglo XX, Ediciones Akal, S.A., Madrid, 2007.